Leo Eliseo de Clarente
- Leo Eliseo

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Updated: 1 day ago

Es noble cargar la antorcha del progreso, pero que fácil es correr sin ella.
Raza: Humano (hechizado)
Rasgos: 25, Hombre, Tez Blanca, Castaño.
Gremio: Concilio de Clarencia
Título: Cónsul Clarente
Postura: Neutral Lawful
Defectos: Vive bajo una especie de hechizo que le inestabiliza su humor repentinamente y ocasionalmente lo convierte en fiero, el león. Una bestia híbrida entre felina y humana, sangrienta e indomable.
Cualidades: Statesman, carisma, estoico, directo, humor, buen luchador, decente orador, y excelente escritor.
Bio:
Leo compone la nueva escuela dentro del ecosistema clarentino. Sus ancestros construyeron la ciudad, pero la dejaron a la disposición del imperio. Resentido por la influencia Onca, Eliseo nunca se arrodillo ante ellos. Posicionado favorablemente durante la Conspiración Felicia, ya sea por accidente o lo contrario, Leo fue proclamado primus inter pares y Cónsul hace unos 4 años. Su reinado empezó de forma detonante, limpiando la casa de los últimos lazos imperiales, de cierta manera flexibilizando la anterior postura hostil con la jungla, para llegar a acuerdos de armonía entre ciudad y selva.
La ciudadanía temía juntarse con los sevos, los salvajes. Ante esta limitación genética, defectos físicos tomaron su peso en la línea heredera de nuestra realeza. Defectos mentales eventualmente llegan, y ante la confusión, se toma el enfermo por tirano. La política purista terminó con los Oncas. Los Clarentes promovieron matrimonio entre los clarens y salvajes, aliviando este conflicto.
Pero cada mezcla tiene sus riesgos, y nuestro protagonista ha sido hechizado en el proceso al costo de su máximo deseo, vivir junto al amor de Elara Clarentina, princesa sélvica traída a la metropolí por su excelencia, para la facilitación de alianzas, por nuestra sobrevivencia. Su hechizo cuelga sobre tal ironía, y la emocional crudeza, de estar juntos por amor y a la vez conveniencia. Mitad hombre, mitad fiera. Mitad fiera felina que ocasional determina limpiar la presa de la mesa para hacer espacio para lo demás; más control... y poder deprecado apreciado como lujo para sentirse adorado. O al menos, amado.
He aquí el pasado de este poeta atormentado, nunca librado de su deber cívico... agotado.

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