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Clarencia Astral: Capítulo XIX

Jul 24
2 min read

Sobre la helada:

En los diarios de mi viejo, se encuentran descripciones extensas del marzo noreino. Acaparado por un invierno eterno, nadie lo cruza, ni lo habita; por su ambiente extremo. Es hogar de dracos rojos, salvajes y toscos. Los pocos que se aventuran a extraerlo adoran el fuego lento que les brinda acojinamiento.


Hace un gene, mi joven padre lo invade acompañado de exploratorios. Onca quiere comprobar que donde se camina, se conquista. El teomarzo es ambicioso, más es fácil serlo desde la distancia de un trono. Mi padre narra como los helios son inservibles en este clima, la facilidad draca de derrotarlos de la cima. Tomar siestas en cavernas, para evitar el frío púrpura. Comer caballo, por que no queda nada más.


Miles embarcan esta travesía, solo cientos vuelven con vida. Un capítulo oscuro en nuestra historia militar. Al fin, logra el ego de su majestad limitar. Es tierra rica en mineral, sin embargo el sacrificio no repone el esfuerzo requerido. Leotoldo y su compañía son los últimos en cabalgar hacia el norte, por ahora.


No todo es causa perdida. Producto de la expedición, mi padre compone uno de los mapas más completos de la zona. Cómo mismo han hecho otros combatiendo en la arena sureina. Las tres regiones juntas en un mismo mapa propagan la edad de comercio más fluctuosa conocida, el penúltimo gene vivido. Ya no solo hay que mirar hacia la domada. Sino que también se mira hacia sur y norte en busca de recursos, esclavos o conflicto. Estos pasados años fueron el pico del poder imperial.


Algunos aun creen que seguimos viviendo en tales prósperos tiempos. No reconocen la grieta en la pared. Que la autoridad no es central, que el ejército ya no es profesional. Que la infraestructura ya no es mantenida. Que en los caminos reinan compañías clandestinas. Que se vive en miedo, si no estás atrás de una muralla, lejos de la gran serpente. Que no se cruzan marzos, sin evitar clementes.


El último gene es una historia de gran descenso. Mi padre lo sabe. Onca lo combate. Lo que empieza como una magna obra rápido se convierte en la segunda Orden Sacrificia. Todo por unificar el Entrecanal con el mar serpente, y eventualmente derrotar este ente villano.


Mi padre lidera el gran galón. No tiene mucha experiencia naval pero lo suficiente sabe de mapas para navegar. Distraen la serpente y la dirigen afuera de su propio hogar. Onca no pudo aprovechar para terminar su canal debido al clima y una protesta entre obreros. Las supersticiones de la clase baja reinan, y al ver la flota derrotada, se abandona el proyecto.


Esta fue la penúltima misión de mi padre antes del duelo. Todos sus marzos fallecieron, y él apenas pudo escapar en un velo.




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