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Clarencia Astral: Capítulo XXII

Jul 28
2 min read

Tolomeo me nota algo desanimado, nota el contraste entre mi tono amargo y las calles celebrando a mi nombre. Me dice que me va a sacar, que nos espera una carroza afuera pintada de tonos rosados. No lo entiendo, pero me intriga escucharlo tan elocuente para su tipo. Abro la puerta y la ciudad entera celebra, al por fin tener de invitado el autor de la fiesta.

Me invitan a tragos, juegos de cartas, vicios; y yo aún ni he comido. Es interesante pensar que hace pocos soles era un total desconocido. Tolomeo tiene mi espada y mi espalda. Indago en estas costumbres decadentes que caracterizan el ambiente Clarente disfrazado de roseta Clarabel.


La paso bien, no lo niego, y despejo la mente. El vino es buen acompañante del escritor, especialmente en momentos fuertes. Negarse a la tentación es prudente, pero nunca probarla sería pretencioso y exigente de mi naturaleza mortal, imperfecta.


La carroza que nos acompaña tiene un segundo destino, a mi sorpresa. Vamos a parar un momento por el sector sagrado, a recoger una carta de mi hermano. Llegamos y nos esperan. Teoclario está en la puerta. Me abraza y me da la correspondencia. Dirigida hacia Lisandro, la lectura expresa. No la abro ni la inspecciono. Voy dirigido a la casa Astral, de camino puedo oler el palmar, su divino fruto prohibido que ni el más sacrilegio se atreve probar.


Llego y la casa está vacía, solo me espera la sutil sonrisa de Lisandro, en la oscuridad. Ni los sirvientes ocupan el hogar. Todos andan festivos en las calles más abajo, cerca de la zona portuaria. Lisandro abre la carta al frente mío y por primera vez me dice algo de forma emocional: Leo, no conoces todo de tu padre, aunque tu obra cubra cada partícula, nos han mentido de forma ridícula.


Le pregunto de qué habla, enfurecido (y bebido). Lisandro me abraza y me dice: Lee como empieza esta carta, más pesada que 500 de tus páginas. Ocupo en mis manos tal texto, y al empezar a leerlo, mi corazón cae revuelto.


"Querido hermano, poco conoces de tu pasado..."


"Sigue leyendo" Me dice el príncipe. Acepto.


"La mujer fallecida que te dio la vida, en ella ha pecado. El otro pariente que te ha brindado vida realmente ha sido Leotoldo, no tu amado padre Dariel. Compartimos sangre y propósito, favor explícale a Leo el resto."


Estoy conmovido tras leer esta pesada confesión. No sé que hacer ni que plan de acción propone él. Lisandro me dice: Lo que aquí has escuchado, entre hermanos se debe haber quedado; la ciudad eructaría con tal controversia, y nuestros legados por siempre quedarían manchados.


Concuerdo con lo que dice, pero no logro convencerme lo que mi hermano ha soltado. ¿Cómo conoció esta verdad? ¿Lo esconden en el palmar para esto conservar? ¿Y si es el caso, por que aceptarlo para después comunicarlo?


Lisandro me dice que me verá pronto. Escondo la carta y vuelvo a mi hogar. Tolomeo ha escuchado esto, pero nadie lo teme. Peores cosas ha escuchado.

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