Clarencia Astral: Capítulo XVI
Se aproximan vientos favorables, mucho en mí ha cambiado y hasta encuentro a mi prometida algo adorable. Nos acompaña Lisandro de vuelta a Clarencia. Primero paramos en Clarabel para una cena ligera. El helio desciende, y nos espera un recibimiento digno orquestado por los Roseta.
Caminamos las sucias calles donde muchos tropiezan. Tentaciones en esta ciudad hay por donde quiera: distritos de prostitutas, substancias alterativas, brujerías. Todos los males imaginables en excesos. Ilegales, pero la milicia no se ocupa de eso.
Aquí la indiferencia reina. Se ha perdido honor y respeto hacia el palmar, la esmeralda, y todo lo que ello representa. Aquí se juntan todo tipo de marzos, ciudadanos y foráneos, blandos y leopardos. Un pueblo sin ícono sagrado es fácilmente manipulado por deseo mundano. Abandonado por la fortuna de la penca.
No los culpo completamente, tal vez en otra vida también vivo de forma indecente. Aquí se juntan marineros con comerciantes y pesqueros. No es exactamente la sociedad más alta. Lo que si puedo admirar de ello es el intercambio ideológico que no se da en otras comunidades. El producto de la domada llega acompañado de quién ha visto más lejos de los límites de la Clarencia. Algunos han visto hasta el mino marzo y la ciudad eterna. ¿Quién no se pararía a escuchar tales relatos tan distantes?
Los Roseta nos dan la bienvenida a su hogar por una noche. Hay bailarines exóticos, música cuestionablemente movida y comida sureina. Probamos un poco de todo, lo suficiente para entender cómo sabe la decadencia.
Dariel y yo tenemos la misma reacción, y nos reímos. La absurdidad del asunto al menos provee humor bien merecido. Le pregunto sarcásticamente al patriarca rosado: ¿Qué realmente es el rosetismo? Y me responde: Es bailar con la muerte antes de aceptarla, es ver lo prohibido y a todo costo adquirirlo. Él está ebrio al decirme tales franquezas, pero aprecio como quiera su tiempo y respuesta.
En otra instancia, Lisandro me mira. Levanta una copa, y suelta otra de sus sonrisas. Charlo unos cuantos asuntos políticos con el señor Astral, y me asegura que todo pinta positivo en relación a mi boda y la novia.
La noche pasa y no tengo tiempo ni energía para vivir de esta forma la vida. Además, sé que los Astrales me vigilan. Otra manera de probarme, y de aquí no hay salida. Nos montamos en el helio y damos nuestras despedidas. Próxima parada, mi capital querida.


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