Clarencia Astral: Capítulo XXXI
- Leo Eliseo

- Aug 17
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La marcha al colegio fue breve, o así la siento. Tantos sentimientos corren por mis venas rojas; sin duda, cabalgo distraído. Tanta furia Lisandro puede invocar con dracos del mismo color del suelo. Piel de escalas tan fuertes como hierro. O al menos eso leo en uno de los textos que cargo conmigo.
Este tipo de literatura es prohibida en un librero común, pues conlleva conocimiento de intriga militar, cómo la que busca este servidor. Además, hay sectores que ven cómo hereje ante la palma cualquier especie de sabiduría norteña, por más ridículo que suena.
No tengo duda que estoy donde necesito estar, que de estos temas me debo nutrir. Mi hermano me espera afuera de la puerta, y me permite entrar con propósito de hospedar. Tolomeo pone nuestras cosas en el suelo y sin perder tiempo ni recuperar descanso me adelanto al archivo.
Le explico lo que busco a Teoclario. Me dirige con Celestia a varios libros antiguos cubiertos en polvo y arena. Si acaso protegidos por ella. Los abro y reconozco que estaré enfermo por rebuscarlos. No hay vuelta atrás. Sobre el comportamiento de las madres ante la desaparición de sus huevos, encuentro cada vez menos. Tengo que indagar en la historia imperial. Si se puede llamar historia, este grandilocuente atentado de glorificar el pasado. Sin embargo, no me queda más.
Pasan las horas y ellas se convierten en lunas y soles. Pronto tengo que volver a la ciudad a responder a mi responsabilidad como cónsul de ella. He aquí cuando Celestia encuentra entre rimas y relatos de menos pertenencia, un poema nombrado "Entre llamas y más allá del mar". Su vocabulario es casi críptico, se utiliza un dialecto abandonado por modernidad, pero lo logro descifrar con ayuda de mi hermano.
El comienzo dice así: Enemigo de mi enemigo, sería imparable como amigo, cargando espada o filo; por cielo o por piso, con la corona como auspicio. Lo leo varias veces para entenderlo, pero el final es lo que me deja perplejo: La amenaza serpentina con fuego se alivia, con el mismo ardor que vuela en la brisa. No solo es posible mi plan, sino que ha sido debatido, y ahí es cuando noto en la dedicatoria la pieza final del rompecabeza: Para Onca, puente entre marzos.
Todos alrededor de la mesa estamos conmovidos, desgastados. Incrédulos al admitir que nuestro plan ya había sido pensado, por nada más que nuestro último teomarzo. Ahí es cuando conecto los argumentos: El segundo canal preparado para un marzo libre de serpientes, el palacio entrecanal para una Clarencia bajo llamas. Mi cabeza no para de dar vueltas, pero rápido agradezco a mi pequeña audiencia, en especial Celestia.
He encontrado lo que vine a encontrar, y ya es hora de volver a la ciudad. Tolomeo debe estar cansado de cargar consigo viejos mapas, armas y ropa que ni me importa usar. Pero este servidor de vez en vez necesita aliviar el peso de la verdad. Cada sol más pesado que el anterior.

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