Clarencia Astral: Capítulo XXXIII
He aquí el relato helado de cerca de doscientos caballos y sus amos, reclamando el catalizador foráneo, que hemos de devolver a la ciudad para asegurar su paz en las manos de un tirano, que a su vez la guerra ha desatado.
Es complejo el intrínseco de un plan maestro. Es incomprensible a ojos tiernos el plan de un maestro. Maestro de la discordia; más con éxito, varios dracos enfurecidos al ver sus nidos vacíos. Rojizos y hambrientos por venganza, como cualquier figura materna. Una hambre que solo puede saciar mi propio pueblo. Me he dispuesto a causarla, para ver un marzo elevarse en nuestro glorificado pantano. Me he atado a la marcha, para algo coherente sacarle a nuestro plan demente. El frío y combatirlo con vino crea una emoción agonizante en mis venas. Privadamente, me arranca el optimismo. Lo escondo como líder de combatientes que pasan por lo mismo. Si yo me veo disuadido, que puedo esperar de los míos.
De cierta manera mi compañía comparte creencias con nuestro guía, al situarnos en tales circunstancias depravadas del sol medio. Simpatizo con este hereje que en la llama ve su dios. Hasta envidio su simpleza. Si solo nos hiciera sentido hacer lo mismo donde no es requerido. Aquí se refleja un fragmento de nuestra naturaleza. Donde se antagoniza la conformidad hay lugar para adorar escasez. Sin embargo, cuando la misma escasez provee sobrevivencia, se forman culturas discordantes a la reinante.
Lo segundo es lo que ha separado el medio del sur desde que mis ancestros tienen memoria. Compartimos la misma sangre roja y amor por la vida. Nos la arrancamos en el campo de batalla como sus sucias manos arrancan del suelo la palma para consumirla. A estas alturas las diferencias de culto solo proveen premisa para aliviar el verdadero conflicto: poder sobre el medio. Solo el medio marzo es cómodo habitarlo. Solo aquí disfrutamos de la claridad permitida por la palma ante la oscuridad de la selva indomable. Solo nosotros pudimos domarla y hacer de ella un hermoso refugio en el medio del lago nombrado Clarencia. Sin ella y nuestra prudencia teomarza sería irreconocible o inexistente nuestro marco de cultura.
Nuestra ruptura política tiene muchas causas, pero defendernos del abismo siempre tomará relevancia. Nos impulsa a la alabanza de la palma que nos brindó luz; entre árboles, ramas y raíces que preferían las bestias. El sur optó por apostar contra nosotros. Al consumir lo sagrado, se condenaron a vivir en desierto. De cierta manera ocurre lo mismo aquí entre norteños, solo viven menos para contarlo y presentarnos amenaza.
Sin duda ahora entiendo por qué entre estos marzos no hay un reino. La helada ha desmotivado hasta nuestros caballos. Impulsamos valientemente, y solo perdemos recursos y tiempo. Es una campaña rápida y dolorosa, como las peores decisiones. Nos elevamos hacia una montaña para encontrar la preciada carga encomendada. Vemos a la distancia el nido y su madre, y nos acampamos para esperar el momento. Me aparto para escribir una carta a mi amada, por si esto termina en un encuentro entre mortales y bestias indomables.


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