Clarencia Astral: Capítulo XXXII
- Leo Eliseo

- Sep 1
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De regreso a la ciudad, le doy un beso en la frente a Celestia. Mi caballo, Beliseo, pronto tendrá que cabalgar hacia lo desconocido. Hacia el fuego infernal rodeado de invierno. Estoy agotado de conspirar. Solo quiero verla y dejarme cuidar.
Ser político no es divertido, y menos lidiar con un concilio dividido. Mucho en poco he vivido... Al finalmente ver la ciudad en la distancia, el sol se abruma y se diluvia por unas horas. Llegamos húmedos a la casa, y Tolo prepara las velas y la fogata. Me sumerjo en el baño, esperando el paso del año. Inundado, como si buscara hacerme daño. Me siento alienado y extraño a mi propio alma marzo.
Siempre supe que la caída del emperador representaba decadencia, pero jamás pensé formar parte de ella. Lisandro no sabe lo que provoca. Tal vez ni le importa. Cuando vuelen aquí botando fuego de sus bocas, ¿de que balcón se sentará a ver su obra? ¿Bajo que sombra se protegerá de lo que desatará?
No importa, ya ambos estamos comprometidos. Le prometí que iba a reunir algunos de mis marzos para ejecutar la primera parte del plan: recoger los huevos. Al menos descanso complacido sabiendo que si la estrategia le funciona a Lisandro, de igual forma le funciona a este servidor. Ahora solo es cuestión de tiempo, de visitar los distritos, abogar por sus necesidades, y mantener los labios cerrados.
Dos soles pasan, y reúno una pequeña compañía de caballeros que en algún momento le fueron leal al viejo. Solo saben que nos dirigimos a la helada por una semana. La misión es simple, el riesgo es complejo. Tuve que dejar atrás a mi amada con Tolomeo. Solo marzos a caballo pueden lograr esto, he calculado.
Empieza la cabalgata hacia el norte marzo. El príncipe me ha proveído mapas donde comúnmente crean nidos estas bestias. Cargo con todo lo que puedo excepto miedo. No sé si la palma bendice mis actos, pero que alta se verá con los resultados. Tengo que terminar lo que mi padre empezó. Lo que dio la vida por ver hecho concreto. Lo que yo tengo oportunidad de finalizar. Lo que a Onca, lo convertía teomarzo en realidad.
Dos soles cabalgando directo al norte. Nos mantienen vivos los ánimos, los recibimientos aldeanos. De vez en cuando nos paramos a permitir los caballos descansar, y ahí nos juntamos con campesinos que quieren escuchar sobre la ciudad. Siempre curiosos y compartiendo la mejor cerveza que he probado. La mayoría se dedican a la leña, y notamos su producto pasarnos por al lado en el río que sin duda finaliza en la laguna.
No hay mucho tiempo para fiestas, aunque me hubiera gustado. Retomamos el camino que poco a poco pierde su marcado. Hemos llegado a la helada, donde nos espera un guía de la región, adorador de el fuego draco.

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