Clarencia Astral: Capítulo XVII
El cielo está despejado, los vientos favorecen nuestro rumbo. Cargamos la piel de una bestia que hace unos soles casi mata a Lisandro. Dariel me la ha obsequiado para colgarla en mi hogar. Mi cuñado se nota agradecido y hasta un poco traumado con lo acontecido. Volamos por encima del Entrecanal, su rasgo más notorio siendo el palacio imperial ya descrito. Sin embargo, apreciarlo desde la altura es aún más impresionante.
Gobernar es complejo, manejar el deseo popular contra la orden de la nobleza, que al parecer siempre coliden... nunca conviven. A veces se siente que no es una tarea que meros mortales puedan hacer. Siento que la mitología tiene que respaldar al gobernante efectivo, para inspirar amor cuando sea necesario, y terror cuando sea justificado. Para mediar algún error si es ocasionalmente causado.
Así era la edad imperial, tiempos de teomarzos; dioses marzos. La muchedumbre no ve como tiranía la mano que los alimenta, menos si es un brazo divino. La lealtad de las clases bajas es muy supersticiosa y volátil. Ahora que embarcamos una especie de experimento gubernamental, estamos preparados para recibir la primera crítica y sobre ella actuar.
Llegamos a la laguna clarentina, mi bello hogar se aproxima. Mi damisela noto mientras el helio acerca. Estaba esperándonos en el puerto, o tal vez me esperaba a mí solamente. Es difícil leer la mente de alguien que solo conozco por terceros. Ella se esconde entre la compañía que nos recibe.
Nos acogen como héroes, alegres que llegamos sanos de la caza. Todo el pueblo se ha enterado de lo ocurrido. Somos cara diaria de la prensa y el culto. Volver con vida luego de enfrentar una pantera es el mayor de los presagios. Me dan más crédito de lo merecido. Yo solo actúe por instinto y obra de la palma. No tenía idea que en mí se encontraba tal fuerza.
Le expreso lo último a mi futuro suegro y se ríe. Me da un palmazo en la espalda y me dice: El valor bajo presión es auténtico; el resto solo es ruido. Entiendo con claridad sus palabras, y me regocijo. Me da gusto haber aceptado esta expedición. Me da gusto haber aceptado la mano de Celestia, quien ahora espero con cierta ansiedad. ¿Será posible que su dulzura en mi cause saneamiento para mi pasada ruptura? Me lo pregunto cada sol... me lo propongo cada luna.


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