Clarencia Astral: Capítulo XXIII
- Leo Eliseo

- Aug 3
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Amanezco perturbado por el dolor tardío que me ha ocupado la mañana siguiente por el alcohol tomado, sin límites aprobados. Lo que me dijo Lisandro no fue una pesadilla, me reconfirma Tolomeo. He vivido un drástico cambio en la perspectiva de mi propia familia. Sé que no debería, pero me siento traicionado por la memoria de mi padre. Quién diría que a mis oídos llegaría tal verdad esta última tarde.
No encuentro palabras para organizar mis ideas. El marzo gira y mi mente estira todo lo vivido hasta este sol maldito. Ya tenía suficiente con la boda y Elara. Ahora también me presto como guardador de secretos que pudieran trastornar todo decreto si de mi cerebro los expelo.
Momento turbio para ser Astral o Elíseo. Momento afortunado para ser Clarentino. Las masas siempre simplifican a su élite. No ven el marzo de hueso y carne que comparte el peso de dirigir la patria. Nunca ven como compramos su lealtad con un poco de fiesta y vino. Es una relación tan frágil y a la vez firme, especialmente ante la ausencia de un emperador divino.
Dariel jamás tendrá acceso a Órdenes Sacrificia. Hay que ser un marzo más grande que vida y palma para conllevar la necesaria persuadía. No tengo duda que será un gran general, y qué expandirá la domada; pero en cuestión de maniobrar una épica campaña, no veo nada.
La pluma me pesa, tengo la cabeza acomplejada. Los labios de ella me tientan. De la vieja y la nueva... princesa. Le voy a escribir al concilio. Que me brinden unas docenas de fieros y juntos exploramos la selva. Lo que sea para salir de esta ciudad. Lo que sea para distraerme en un ambiente neutral. Me tiene harto este intrínseco lugar.
Tolomeo nota mi despejo, y se me acerca a dar consejo: Completa lo que tu padre empezó. No estoy seguro a que se refiere, abro un mapa al frente de él y señala hacia el mar serpente. "No queda nada por hacer ahí, Tolo" Le digo. Después, mi grande me dice: Bestia grande, apetito enorme. Dice esto mientras señala el mar domado. Suelto un suspiro y le repito: No es suficiente mar para este poder atormentar, Tolo; se moriría de hambre. Tolomeo sonríe y me dice: Exacto, mi amo.
Ahí fue cuando entendí, mil batallas en el mar nos harían fracasar ante la gran serpente. Pero... si pudiéramos atraparla en el mar domado, dejarla sin recursos, extraviada. Nos regresaría nuestra paz amada. Busqué más mapas, nuevos y obsoletos. Planifique rutas y contabilicé los soldados que me traería. Sin darme cuenta, encabezo la cuarta Orden Sacrifica.

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