Clarencia Astral: Capítulo XXX
- Leo Eliseo

- Aug 13
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Sobre la domada:
Al sur de Domiria, afuera de los límites de la colonia, existe una selva inmensa, vigilada por la pantera. Su nombre es la domada y es parte central de nuestra fuerza, donde empieza la cadena que suple Clarencia. Metales, madera y cristales nos llegan tras su suelo ser excavado por exploratorios y manufacturado por marzos del negocio. El grano y el fruto le siguen.
Lo que hoy quiero contarles acerca de ella es cuanto significa su desaparición para nuestra etnia. La implicación nutritiva es obvia, dependemos de ella para alimentar la ciudad. La implicación social es otra, que serán de los ricos sin sus llamativos adornos de metales preciosos. Ahora, la implicación militar... quedarnos sin hierro. Quedarnos sin carbón para calentarnos en el invierno... Destruirlo todo por un título... Exponernos a la revancha consecutiva de nuestros vecinos sureinos.
Lisandro aún no conoce la razón detrás de mi aceptación de su plan. No sabe que también pienso en grande, como lo hacían los Teomarzos. Si supiera que pienso matar a la gran serpente, ¿aún así confiaría? ¿Aún así me brindara acceso a su arma mortal, celando su reclamo de gloria que lo asciende hacia lo imperial? No conozco tanto a este marzo, pero si los conozco en general. Nadie quiere verse superado y menos en su propio plan.
No sé que le diré, si algo. Controlar estas bestias es algo complicado. Los pocos privilegiados mayormente residen en la ciudad eterna, donde conviven y cenan con las bestias. Algo enseñado desde infancia y aún así increíble para mi conciencia. Entonces, ¿qué promesa tengo que se acercaran a la serpente si las mando? Tal vez se queden con hambre si acaso. No tengo idea si la carne marina les atrae. Necesito revisar los libros de mi viejo. O visitar el único sitio donde los respetan y aceptan, el colegio.
Me acompañará mi hermosa esposa, Celestia. Tolomeo cargará el equipaje. Voy a residir entre monjes para asegurar que la misión se convoque. Cuando todo esté calculado, cuando no vea error de ningún grado. Ahí sabré, lo que se siente dirigir una orden sacrificia.

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