Clarencia Astral: Capítulo XXIV
- Leo Eliseo

- Aug 7
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Pasan lunas y me comprometo, como un sumiso que no puede detener su destino. Vestido de telas finas y coloridas, mi nuevo amor se aproxima. Me visto con una túnica de seda brillante, reservada para el evento. Ya es el momento, mi rubí carga la carroza familiar y me transporta hacia el palmar.
Dariel me saluda, todos lo hacen. No hay ni un solo marzo notorio ausente en mi ceremonia prudente. Es una cuestión práctica como simbólica este asunto, pero no permito que esos pensamientos me invadan. La realidad estoy donde debo y quiero estar, aunque le destroce el corazón a varias, que no están en mi lugar.
Llega el medio sol, y me han colocado en una tarima con Celestia al frente mío, cubierta por un velo que transparece. Puedo ver su sonrisa, y el pueblo la mía. Ya es muy tarde para decir no. Ya nuestros destinos se entrelacen en la misma palma. Ya nuestras raíces son una, y darán paso al mismo fruto.
Nada peculiar pasa por mi mente en estos momentos. No estoy acostumbrado a ser el centro de atención, mucho menos el de Clarencia. Ella se ve tímida también, al quitarse el velo. El clérigo dice sus palabras, repetimos las debidas, y ante la palma y estado, sellamos el pacto con un beso.
La ceremonia ha terminado, todos vuelven a sus degenerados actos de celebración. Yo me refugio con mi nueva esposa en una carroza con dirección al Entrecanal. Allí, en el palacio imperial, pasaremos las primeras lunas de nuestro compromiso.
En ese mismo camino, entre vino y charla, conozco mejor a mi dama. Me confiesa su deseo de explorar, la envidia al vernos volver con la piel de un leopardo. Me cuenta sus pasatiempos, mayormente artísticos. Me reclino y reflexiono, se pide poco y mucho de una dama en este suelo marzo.
Está curiosa por la relación entre Tolomeo y yo. En su hogar no se tiende a charlar con sus Rubís, mucho menos confiarles secretos. Hablamos la luna entera hasta a nuestro destino llegar. Hemos intercambiado estilos de vida y formas de disfrutarla, tan ajenas que se siente como si no vivimos la misma ciudad.

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