Clarencia Astral: Capítulo XXV
- Leo Eliseo

- Aug 7
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Llegamos al Entrecanal, nos espera un banquete inicial en el mismo salón donde teomarzos han cenado. No espero mucho para indagar y mi apetito saciar. No les miento, el vino me ha brindado confianza ciega. Mi dama come más despacio, con los modales de una real familia noble.
Al terminar nos escapamos al jardín donde ella me confiesa: Haz lo que hagas, llévame contigo. Le acepto su lamento disfrazado de propuesta. Sé a lo que se refiere... lo he vivido con mi propio padre, esperándolo de campañas al otro lado del suelo marzo. Lo que no sabe es que en mi mente y mis mapas ya hay una orden sacrificia esperando ser ejecutada.
Le digo que seré suyo por siempre. Ella suelta su copa y me abraza. Apenas la tengo y ya siento miedo de perderla. Es muy tierna. Sus ojos brillan con la luz de la luna ante la laguna. El jardín es de nosotros por ahora, ni Tolomeo me acompaña en esta íntima hora.
Nos dormimos adentro de un laberinto. El sol siguiente, nos levantamos con peste a vino tinto y por gritos preguntando donde han quedado los huéspedes de honor del recinto. Tolomeo se ve algo molesto pero a la vez orgulloso, como si fuera su deber enfurecer ante mi desaparición pero a la misma vez entender el porqué.
La miro a los ojos, ella entiende que cada felicidad es temporera, o al menos eso siento. Le confieso: Voy a capturar la serpente, aunque me declaren marzo muerto. Ella se ríe de nuevo, incrédula. Tal vez no es el momento. Tal vez si sueno ridículo... pero ¿qué sabe ella de estrategia militar? Debería mi mente relajar más hago todo lo contrario pensando en como liderar bravos en el mar domado.
Estamos toda la mañana desayunando en el balcón palatino, comiendo postres que llegan sin cesar de la cocina imperial. Reflexiono sobre los marzos anteriores que en mi posición habían de estar. Tanto lujo que en la capital pueden apenas soñar. Onca sabía lo que era gozar al reinar. Él sabía que el poder es visual.

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